| Boletín Nº 7 Junio de 1994 |
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| AGRUCO |
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Editorial: Dualidad Complementaria, Comunidad y Desarrollo. Contenido: Andinizar el enfoque de "Género", adecuarlo en nuestro entorno y realidad (Entrevista a Beatriz Matter: Facilitadora del Secretariado Rural del ICCO – Holanda).
El boletín Agroecología y Saber Campesino, tiene un carácter trimestral y es distribuido en forma gratuita a simple solicitud, en este documento se publican artículos sobre temas de actualidad con reflexiones desde el punto de vista agroecológico, como también se comparten experiencias y se informa de futuros acontecimientos del programa AGRUCO.
Boletín Nº 07
Una revisión de las culturas originarias, muestra que ellas tempranamente, hubieron precisado la dualidad de las divinidades y arquetipos, los que, como principios de la imagen del universo están animados por el soplo primordial del yin-yang asiático, femenino-masculino. En los Andes, de similar manera, desde Kon, en el origen, como la divinidad más antigua que conjuncionaba, en uno, lo femenino-masculino, posteriormente fue precisado a Pachacamac como la divinidad del cielo que se unió a Pachamama, la divinidad de la tierra; el principio fecundador con el principio de la fertilidad, el que otorga y cl que recibe, cada uno con rol fundamental para asegurar la continuidad de la vida. Hace cuarenta años iniciaban, - precisamente en las regiones del planeta que hubieron forjado la técnica, la individualidad y la especialidad -, movimientos que desconocen u olvidaron el fundamento de la dualidad complementaria, para la sostenibilidad de la vida. Dichos movimientos fueron prontamente utilizados, manipulados y aprovechados por el interés industrial, otorgando artificiosamente la "liberación de la mujer", la cual fue considerada elemento favorable a la intensificación del mercado, convirtiéndola en consumidora dinámica, bajo el slogan de "movimiento feminista". Para los años 70-80, pudimos comprobar que dicho esfuerzo precedente, introdujo evidentemente al mercado de consumo a la mujer, que luego se proyectó internacionalmente con el proyecto "mujer y desarrollo", para posteriormente en los años 90, amplíarse como proyecto "madre-niño" y en el actualidad engancharlo al todo con el rótulo de "género y desarrollo". Género, que por la crisis actual de la modernidad, está permitiendo que la ciencia ortodoxa trague lo que hasta hace pocas décadas, con cierta soberbia, criticaba o rechazaba como metafísico o esotérico. Género, cuya connotación proviene desde el antiguo Egipto con la que precisaban que en la vida, en la naturaleza total, existe dinámica y desarrollo evolutivo por la dualidad complementaria, femenino-masculino, hembra-macho Algo similar ocurre con "unidad en la diversidad" para reunir los contrarios complementarios, o con "la naturaleza no ayudada fracasa", para mantener respeto a la naturaleza y concientizar, que estamos en la vida que no conocía fracaso alguno, al mantener orden de las cosas de manera potente y armoniosa; pero en la actualidad, la vida pareciera transcurrir en permanente crisis, por haber separado uno del otro, con lo cual se perturba la sostenibilidad de la evolución natural de este espacio tiempo. Ahora bien, la cuestión no debiera reducirse a copiar lo señalado por culturas antiguas, de manera mecánica o fraccionada, con fines puramente utilitarios o distraccionistas, sino la de reflexionar - como generación que pide respuestas para la sostenibilidad, ante el desmedido despilfarro de energía y el fraccionamiento de la realidad, y, mirarnos hacia adentro, mirar la cultura y comunidad andina, que desde siempre nos repite: "todo es chacha-warmi", "todo es kariwarmi", pitaj ima niwasun kariwarmita, warmiltarita", todo es femenino-masculino, las piedras, los cerros, los árboles, etc. Evidentemente, el tratamiento etnocéntrico, de otras latitudes, nos ha desviado de la propia concepción originaria de desarrollo, y nos damos perfecta cuenta, que, de continuar la pretensión de separar, de segmentar, de aislar, los humanos terminaremos completamente abandonados, destruyendo las comunidades, que es el espacio donde la unidad familiar coagula la reproducción y continuidad de la vida, sabiendo también que toda alteración negativa proviene de creernos unidades separadas, girando sobre ejes mentales, pensando solamente en nuestros intereses y objetivos separados, en nuestras alegrías y penas separadas. En la agroecología que solo busca la sostenibilidad de la producción debiera reflexionarse lo dicho por Heidegger: "lo gravísimo de nuestra época grave es que todavía no pensamos", y sobre la tarea a pensar pregunta: "¿a un pensar que ya no podrá ser ni metafísica ni ciencia?, ¿a un pensar que deje atrás la configuración signada por la técnica, la ciencia y la industria?, ¿a un pensar, ... áy, cuya última ratio, es la posibilidad de la total destrucción?" o será tal vez ¿pensando nueva y críticamente la comunidad y el Saber Andino, donde la dualidad complementaria confluyen para la sostenibilidad?; es tarea de nuestra generación. Andinizar el enfoque de "género", adecuarlo en nuestro entorno y realidad
Dentro de la temática de investigaciones, se privilegia el tema de la mujer. Cual su opinión sobre los avances de investigación al respecto?. Por lo que he leído, no hay duda en que la investigación, y la acción, han avanzado en el sentido de una creciente diferenciación y precisión sobre el rol y las necesidades especificas de las mujeres. En los primeros años de la cooperación al desarrollo, ahí por los años 60, la tendencia más generalizada era la que veía a los "beneficiarios" de la ayuda como una masa amorfa, sin ninguna diferenciación, tampoco entre hombres y mujeres. En el curso de esa primera década las agencias de desarrollo comenzaron a definir grupos socialmente "vulnerables", entre ellos los minusválidos, los enfermos y las mujeres. Entonces, mientras que la ayuda económica internacional se centraba en incrementar la capacidad productiva de la fuerza laboral masculina, por otro lado, y en forma más bien marginal, la ayuda para el bienestar de la familia se dirigía a las mujeres (a través de la entrega directa de alimentos, apoyo a los clubes de madres, programas de planificación familiar y de vacunación, etc). Este enfoque se basaba en el supuesto que la maternidad es el rol más importante de las mujeres, y que la crianza de los niños y la reproducción familiar era su única contribución al desarrollo. En los años 70, especialmente después de la designación por las Naciones Unidas de la Década de la Mujer en 1976, se incrementaron los estudios sobre la participación de las mujeres en otros campos más allá de lo reproductivo. Se vio que, aunque las mujeres eran con frecuencia las principales responsables de la productividad básica de sus comunidades, especialmente en la agricultura, su contribución productiva era "invisible", pues no figuraba ni en las estadísticas ni en la planificación económica. Comenzó a percibirse también que los nuevos proyectos con tecnología avanzada (tipo revolución verde'), repercutían en forma negativa en las mujeres, desplazándolas de sus funciones tradicionales, reduciendo sus ingresos, y mermando el status y poder que tenían en las relaciones comunales tradicionales. En los años 80, se comenzó a gestar el fundamento teórico de lo que más tarde se denominaría "el enfoque de género", es decir el racionamiento básico de que "hombres y mujeres tienen diferentes necesidades debido a que desempeñan diferentes roles en la sociedad, por lo que, al identificar e implementar las necesidades de planificación, es importante desagregar los hogares y las familias dentro de las comunidades en base al género". (Moser, "Planificación de Género en el Tercer Mundo".) Este reconocimiento lleva a algunos/as estudiosos/as a investigar la desigualdad entre hombres y mujeres a nivel de la toma de decisiones en la familia y en la comunidad, como también en términos de la posición de cada uno frente al mercado. Al mismo tiempo, las acciones de desarrollo cambiaron de enfoque: de integrar a las mujeres, o "aumentar su grado de participación" en el desarrollo, el nuevo acento pasó a ser, según el Banco Mundial "ayudar a crear un clima más favorable para mejorar las opciones de las mujeres en el desarrollo". Hoy sabemos más que hace treinta años sobre las mujeres en una gran variedad de países y de situaciones. Pero todavía hay demasiada poca claridad sobre la naturaleza de las principales dificultades de las mujeres, y sobre las posibles soluciones a esas dificultades. En países con alta proporción de población rural, cree usted importante este tipo de investigaciones? Ciertamente, este tipo de investigaciones son importantes en la medida en que la investigación alimente la acción y se retroalimenta de ella. Para asegurar que las acciones de desarrollo tengan el impacto positivo deseado, tenemos que conocer el terreno en el que actuamos. Esto implica, por ejemplo, recoger en las regiones donde intervenimos una información estadística confiable sobre las actividades productivas, reproductivas, organizativas-comunales y otras de las mujeres, para así poder determinar en forma clara los objetivos de los programas y proyectos dirigidos a ellas (y a la familia y comunidad en genera). No se pueden implementar acciones sin antes tener un diagnostico de la situación de la mujer en la zona emprender una sistematización de las necesidades expresas de las mujeres. De no hacerlo, estaremos trabajando "a ciegas" y, peor, estaremos arriesgando perjudicar aún más a las mujeres por causa de nuestro desconocimiento de sus condiciones de vida y de trabajo. Cuales considera usted que son las perspectivas teóricas bajo las cuales se debe emprender los estudios sobre mujer campesina en la formación social boliviana? Queda mucho por aprender sobre el tema de los roles (de hombres y mujeres, de niños y niñas, de ancianos y ancianas), las modalidades de participación y de toma de decisiones, la organización del tiempo, el proceso de socialización de los niños y de las niñas en la comunidad rural. Los temas no faltan. Pero también hay que dedicar mucho tiempo a desarrollas parámetros e indicadores de medición de impacto de las acciones de desarrollo bajo el enfoque de género. Seguimos midiendo el impacto de las acciones con criterios puramente cuantitativos ("25 mujeres se capacitaron en..."). Es urgente desarrollar indicadores mucho más finos, cualitativos. Conoce usted trabajos de investigación realizados bajo el enfoque de genero en comunidades campesinas de la región andina de Perú, Ecuador, Bolivia. Para responder a la pregunta sobre trabajos de investigación en comunidades campesinas andinas, prefiero dirigirles a centros de gran experiencia en el tema, como los siguientes: Centro de la Mujer Peruana "Flora Tristan", Lima.
Pero entre las pocas cosas que sabemos, es que las mujeres están más pobres que hace 10 años. Sabemos que la crisis de nuestros países, y las medidas de ajuste estructural que han sido implementadas para paliarla, han afectado aún más profundamente a las mujeres que a los hombres, y a las mujeres rurales más aún que a las urbanas. Los expertos se refieren a este fenómeno como "feminización de la pobreza". Es cuestión de fundamental justicia y equidad el averiguar las causas de ese fenómeno y de encontrar soluciones diferenciadas que, desde una óptica que podríamos llamar de "discriminación positiva", aporten a mejorar la situación de vida y de trabajo de las mujeres. Es, debería serlo, una preocupación ética que no puede esperar y que no debe ser diluida tras el argumento bien intencionado de que el enfoque de género es "occidental" y por eso no aplicable a la realidad andina. En Bolivia, en Perú, en Ecuador, en Colombia hay cientistas sociales capases de "andinizar" el enfoque de género y adecuarlo a nuestro entorno y a nuestras necesidades. Y si la etiqueta de "enfoque de genero" nos produce una reacción adversa, pongámosle otro nombre. Lo importante es darse cuenta del reto que tenemos de enfrentar las necesidades especificas de las mujeres a nivel local, regional y nacional, y reconocer la posición secundaria de las mujeres frente a los hombres en muchos campos. Este reconocimiento implica un juicio ético y moral sobre la naturaleza de la equidad y la justicia social. |
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