| Boletín Nº 6 Noviembre de 1993 |
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| AGRUCO |
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Editorial: La racionalidad sistémica y el poncho verde. Contenido: Sistemas Agropastoriles Altoandinos y Saber Campesino.
El boletín Agroecología y Saber Campesino, tiene un carácter trimestral y es distribuido en forma gratuita a simple solicitud, en este documento se publican artículos sobre temas de actualidad con reflexiones desde el punto de vista agroecológico, como también se comparten experiencias y se informa de futuros acontecimientos del programa AGRUCO. Boletín Nº 06 Editorial Es por eso que los pueblos de todo el mundo, a lo largo de la evolución histórica, buscaban relacionarse con la cubierta verde en forma particular; siendo las praderas desde tiempos remotos también el nexo entre hombre y animal. Esta relación esencial del hombre con sus praderas prueba que ellas no pueden ser consideradas como un mero recurso productivo o natural, sino que las praderas, en sus más variadas manifestaciones, tienen que percibirse como parte de la vida de cada pueblo rural. Es precisamente esta dimensión de una realidad multifacética ante la cual las ciencias agronómicas en sus inicios se mostraron impotentes para integrarla en sus esquemas de investigación, tratando de reducir la pradera a una simple fuente de forraje, proteínas, etc., limitándose a aspectos meramente utilitarios. El momento más importante para salir de esta trampa se dio, cuando desde la disciplina de la geobotánica, surgió una visión más holística, mostrando y enfatizando la interacción dinámica entre planta, suelo, agua y temperatura, concepto expresado en los términos de la "sociología vegetal". Desde ese momento, la ciencia botánica comenzó a recuperar su capacidad para avanzar hacia una comprensión cada vez más cabal de la realidad. Impulsada por el surgimiento de la Agroecología, que intenta integrar las ciencias sociales y naturales, se llega a la actualidad, cuando la pradera es estudiada como resultado de una coevolución entre sociedad y naturaleza, lo que se expresa en los fundamentos de la investigación de los sistemas agrosilvopastoriles. Las praderas, desde el punto de vista de los sistemas agrosilvopastoriles, nos demuestran su importancia en los niveles ecológico, ganadero, agrícola, social y cultural, siendo, por lo tanto, un instrumento muy valioso de análisis y comprensión de la realidad. Sin embargo, faltan pasos a seguir, en el sentido de las limitaciones, de un enfoque sistémico que, de acuerdo a su propia racionalidad científica, no se adecua para explorar otras racionalidades, basadas en fundamentos filosóficos diferentes; y es que precisamente esto ocurre cuando pretendemos dar pautas, por ejemplo, para la solución del problema de sobrepastoreo en los Andes. El análisis sistémico - científico, entra en conflicto, en vez de aproximarse a la comprensión de la racionalidad campesina, que es fundamento principal de la visión del mundo en que viven las familias a lo largo del ecosistema andino. El siguiente ejemplo pretende ilustrar esta problemática: AGRUCO, como otras instituciones, definió el sobrepastoreo como el desequilibrio entre la oferta forrajera y la carga animal, concluyendo en sugerir potenciar, por una parte la productividad de las praderas existentes, a través de medidas técnicas y organizativas por otro, un análisis de la tenencia de animales en las comunidades mostró una variación significativa entre las diferentes familias, lo que acorde a la lógica sistémica nos induce a sugerir que las familias con mayor número de ganando, sean aquellas de mayor impacto en la degradación de las praderas a causa del sobrepastoreo, siendo, en consecuencia, ellos quienes deberían reducir sus rebaños en favor de un nuevo equilibrio entre plantas y animales. El hecho es que a nivel de las comunidades está propuesta causó más confusión que concertación. Gracias a la investigación participativa, nos dimos cuenta por qué la lógica sistémica no podría dar una respuesta aceptable: se demostró que la tenencia de animales en las familias no obedece, en primer lugar, a niveles de acumulación de capital o signos de prestigio, sino que existe una estrecha relación entre número de animales por familia y número de integrantes de la misma; la variación amplia entre familias prácticamente tiende a cero cuando calculamos la relación de animales por integrante de cada familia. De ahí el reto que tenemos ante nosotros de abrir los modelos sistémicos, no solamente a nuevos hechos o componentes, sino que debemos explorar nuevas dimensiones, buscando, en el caso de las comunidades andinas, la integración de su propia racionalidad a los esquemas de investigación. Esta aproximación teórica y práctica nos permitirá una comprensión cabal de la realidad campesina, que para cualquier programa de apoyo al desarrollo es punto esencial de partida. Sistemas Agropastoriles Altoandinos y Saber Campesino
En los casos de las comunidades campesinas de puna de las provincias Tapacarí, Arque y muchas otras en el Bolivia, se encuentran estos sistemas agropastoriles con características muy: particulares, siendo su base la interdependencia que existe entre los mismos. Las investigaciones en torno a sistemas agropastoriles son todavía pocos, la tendencia ha sido siempre fraccionar la realidad. Es así que los economistas se dedican a estudiar aspectos económicos de la vida campesina, los agrónomos los cultivos, y los zootecnistas la ganadería, las praderas, etc.; siendo el resultado de esto una suerte de "suma de partes" y no una interdependencia sincronizada y dinámica donde los aspectos de la producción, la economía y la cultura se desarrollan y comportan como una unidad. En el Programa AGRUCO, a partir de su enfoque agroecológico, la investigación se orienta a comprender como tales estas realidades. En los últimos años se iniciaron investigaciones ganaderas en sistemas agropastoriles para conocer esta actividad tan vital en ecosistemas de montaña más allá de la "caja de ahorro" o la pradera. Los resultados de las investigaciones en comunidades campesinas de la cuenca Taquiña (Camacho R., 1993), en Huancani - Prov. Arque (Menda 9., 1993), Mujlli - Cantón Challa Prov. Tapacarí (Chila M., 1993), y otras, contribuyen a la verificación de esta estrecha interdependencia. Las actividades ganaderas en sistemas agropastoriles se sostienen en un conjunto de estrategias de pastoreo, que se desarrollan también fuera del entorno familiar y comunal. Es decir, estamos refiriéndonos a una ganadería dinámica de bajos insumos, donde su rol más importante está en su capacidad de reproducir el sistema, asegurando niveles de productividad necesarios para la unidad familiar campesina. La ganadería en estos sistemas resulta siendo entonces, no sólo la "caja de ahorro" ya conocida, sino el generador de un aporte significativo de energía como el "wanu" (estiércol) que delimita los niveles de productividad de la papa. Por otra parte está la tracción animal, cuya eficiencia complementa la mano de obra necesaria en sistemas de cultivos de secano y en permanente proceso de ampliación de la frontera agrícola. Desde el lado de la agricultura, el aporte más significativo son los residuos de la post cosecha y los forrajes cultivados anuales y plurianuales en menor grado. El proceso paulatino de degradación de las praderas ha hecho que la producción ganadera sobre todo de vacunos, y de ovinos en menor grado, dependan de lo que aporta la agricultura y los forrajes anuales (Caso Huancani - Arque, Omar Merida, 1993 y otros). La pradera nativa en términos de cantidad y calidad sólo oferta forraje significativo en los meses de lluvia, siendo de condición pobre y muy pobre, en un 85 %, entre 8 y 9 meses al año (Caso Comunidad de Mujlli 1993). Este comportamiento ha hecho que los campesinos diversifiquen la oferta forrajera en espacios y momentos determinados, con un rango de prioridades preestablecido, y la "frontera de pastoreo" se ha ampliado aún a espacios extracomunales. El esquema siguiente gráfica esta oferta diversificada en ecosistemas de montaña, en los que la pradera nativa no es uniforme en su manejo cíclico, porque parte de ésta, en algunos años del ciclo de las "ayanokas", está ocupada con cultivos de Puna (papa, kañahua, quinua, cebada, avena) y en el momento de su evaluación no se considera este proceso. |